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El oficio de hacer sombreros es tradicional en un país como el Ecuador, donde el sombrero de paja toquilla (comúnmente conocido como el “Panama Hat”, aunque es netamente ecuatoriano) es emblemático a nivel mundial. Y donde, cabe recalcar, el sol pega fuerte (sobre todo en Quito) y no perdona a nadie, entonces su uso se convierte en una moda necesaria.

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Mientras visita Quito, no deje pasar la oportunidad de encontrar el regalo perfecto para llevarse a su hogar. En Hotel Boutique Casa Gangotena, ofrecemos diferentes tipos de artesanías hechas a mano (¡también encontrará sombreros!)

Si usted es un huésped de Casa Gangotena y está interesado en adquirir un sombrero de paja toquilla, por favor contáctese con Francisco Mena ([email protected])

¿Dónde puedo encontrar sombreros de paja toquilla en Quito?

Los sombreros de paja toquilla se encuentran con facilidad en el Centro Histórico de Quito, sin embargo, si está buscando un lugar para comprar los tradicionales «Sombreros Panamá», puede visitar la Sombrerería Benalcázar en la Calle Benalcázar y 24 de Mayo. Es una tienda de sombreros Ecuatorianos que ha sido manejada por la familia Anchala por más de 60 años.

Los sombreros tradicionales de Ecuador.
Aunque fue llamado erróneamente como sombrero Panamá, el sombrero de paja toquilla en realidad es de orgine ecuatoriano.

Por fuera, aquella entrada sutil y humilde del local puede pasar desapercibida, pero una vez que la cruzas, entras a un mundo vasto de colores y artefactos. Los sombreros, por supuesto, dominan el paisaje, se encuentran de todos tamaños, colores y formas apilados uno encima del otro en repisas y algunos hasta sujetos por clavos en las paredes. Hay boinas, sombreros de copas, vaqueros, de paja toquilla, y tradicionales de las fiestas populares. Como el sombrero del “Aruchico” –personaje de la fiesta de San Juan y San Pedro- hecho de paño y adornado con pequeños espejos y cintas multicolores que caen de su borde.

Las caretas también son protagonistas de la tienda. Tendidos sobre unos alambres en la pared izquierda, se encuentran filas de máscaras y caretas de políticos, de diablos, de animales, de payasos… La vista se agudiza dentro de la Sombrerería Benalcázar, cada rincón, cada estantería, cada pared está decorada con los sombreros y caretas hechas por César Anchala, el propietario actual del negocio de familia que inició con su padre. Su esposa, sonriente y acogedora detrás del mostrador, saluda e invita a probarte los sombreros. Con paciencia, baja a cada uno y se emociona al verlos sobre tu cabeza.

Una señora de estatura pequeña, pelo negro, nariz grande y una mirada tímida dice ser la que también confecciona aquellos artefactos y con un gesto de su mano te lleva a la parte trasera del local. Pasando una pequeña puerta entras a un cuarto que muestra el paso del tiempo. La pared está cuarteada y las repisas sostienen aún más sombreros y herramientas de madera, y por ahí también se ve una radio de años pasados. Dos retratos enmarcados y colgados en la pared te miran directamente. La familia Anchala: el padre y la madre de César, los dueños originales. Sobre sus retratos un letrero antiguo, se lee SOMBRERERÍA BENALCÁZAR, más abajo, ARREGLA SOMBREROS Y BOINAS, en letras rojas y azules (la entrada del local ya tiene un letrero más “moderno” que también indica el mail de César).

En este cuarto se construye todo: los sombreros, las boinas, las caretas…aquí mismo confeccionaba el padre de César Anchala y llenaba aquella sombrerería de artefactos únicos que 60 años después siguen trayendo fieles clientes, a pesar de su pasadizo casi secreto en la calle Benalcázar.

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