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De ahora en adelante, este blog cambiará un poco porque ahora van a leer las palabras de una joven periodista quiteña (quién también es una bailarina frustrada y escritora esporádica), en este caso, sobre una cafetería bien quiteña. Van a ver el Centro Histórico a través de sus ojos, su olfato y su gusto. Caminarán junto a ella y explorarán desde los rincones más conocidos hasta los más ocultos de este afamado lugar de Quito. La esperanza de la joven no es solo que lean las experiencias sino que las sientan, que se rían junto a ella así como se asombren con cada detalle tradicional, antiguo, arcaico y único del centro.; un lugar que brama por ser explorado más allá del exquisito gusto de los pasillos de la Casa Gangotena.

Por si no se han dado cuenta todavía, esa joven periodista quiteña a quien le pican los pies por danzar con cada oportunidad que se le presenta, soy yo: Bernarda Carranza. Mucho gusto. No soy ninguna experta en el tema, pero como buena periodista soy curiosa y con mis herramientas principales, un pequeño cuaderno celeste y un esfero, anoto todo lo que me asombra y consume mi interés.

El Centro Histórico es un lugar en el cual apenas lo pisas viajas en el tiempo, cuando las calles eran estrechas, las casas largas, angostas y llenas de colores pasteles; cuando los balcones eran pequeños y los geranios desbordaban. Regreso a ese Quito en el cual escuchar tríos musicales tocando pasillos por la calle, el olor abundante a maní y contar “cachos” era cosa de todos los días, regreso a ese Quito del cual solo escuchaba en las historias de la niñez de mis abuelos.

Pero bueno…es fácil perderse en los versos poéticos que inspira este lugar. Así que empecemos ahora con lo más importante en un día…el desayuno. A las 9:30 am de un sábado, no había desayunado y el hambre ya empezaba a nublar mi visión.

Así que nos dirigimos hacia la Cafetería Modelo en la calle Sucre y García Moreno. Esta cafetería está en pie desde 1950 y al entrar uno se percata de ese toque tradicional. Las paredes están llenas de fotografías en blanco y negro, y recortes de periódico enmarcados. Las fotos muestran el Centro Histórico de la época, pero la primera fotografía es la que destaca. La imagen de “La Torera”, un icónico personaje de la ciudad. Una mujer que rondaba las calles del centro todos los días desde los años 40 hasta los 80, y era conocida por sus trajes coloridos y sofisticados (he ahí el apodo de “torera”).

Primero diviso un letrero con colores neón que iluminan “Cafetería Modelo”, luego, me percato que se escucha claramente un pasillo, mis ojos se dirigen hacia el sonido y para mi asombro proviene de un trío musical (¡en vivo a las 9:30 de la mañana!)enternados, con sus guitarras y deleitando a los clientes con su música.

Seguimos caminando por la cafetería hasta llegar a un patio, las mesas están llenas y la gente sonríe al pasar junto a ellos. Subimos al segundo piso donde un color amarillo en las paredes abundan y los desayunos llegan, el mío; jugo de guayaba, tortilla de huevo, sánduche de queso y café en leche.

Mientras disfruto de la mantequilla caliente y el queso derretido del sánduche, más clientes entran y salen y cada uno de ellos saluda y con cortesía van diciendo: “buen provecho”.

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