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Las tradiciones de Quito son parte intrínseca de su cultura. Son pocos los lugares en el mundo que veneran el dolor y la penitencia con tanta pasión, o centran toda una celebración en nociones tan sombrías como la culpa y la muerte, como lo hace Quito durante Semana Santa. 200.000 de los católicos más devotos del Ecuador, se auto-flagelan, cargan cruces pesadas y sangran de heridas auto-infligidas: todos ellos vestidos con sombreros de cono en un color morado macabro que enmascara su rostro, llevan capas dramáticas, o están envueltos en alambre de púas, acompañados por música en vivo que parece propia de una pesadilla.

La tradición, pese a que permanece fiel a su forma original, ha tardado cientos de años en llegar a lo que es ahora. A diferencia de muchas fiestas religiosas, sigue creciendo en tamaño y popularidad.

Esta tradición forma parte de la esencia de Quito, la conservación de este legado se ha convertido en el mayor punto de venta de Quito desde que fue declarada la primera ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978.

Más allá de la tradición, la gente viene a presenciar la misteriosa devoción de los participantes de la marcha, y el color y el entusiasmo con que la exhiben.

  • Orígenes
  • Prohibición y reintroducción
  • San Francisco
  • Inicio de la Cuaresma
  • Miércoles Santo
  • Jueves Santo
  • Participantes
  • Viernes Santo
Orígenes

Las celebraciones únicas de la Semana Santa de Quito, especialmente la procesión masiva del Viernes Santo, parecen surgir del mismo espíritu característico del quiteño: devoto y apasionado, con un sentido fuerte de tradición y deber, y las ganas de devorar un festín.

Sin embargo, las costumbres no son tan particulares como parecen, muchas han sido heredadas de España, específicamente de la ciudad sureña de Sevilla.

El ritual de representar la crucifixión y resurrección de Jesús con tal fervor se remonta a tiempos medievales, cuando en 1265 Alfonso X de Castilla aprobó un ‘código de leyes’ conocido como Las Siete Partidas para honrar a Dios y los santos. Después, esto dio un giro hacia manifestaciones más extremas de devoción cristiana. Esto fue, en realidad, un retroceso a los años de dominio musulmán en Andalucía, la región en la que se encuentra Sevilla.

La ciudad se convirtió en la más grande de España y, entre su reconquista de 1248 y el «descubrimiento» de América en 1492, fue el punto de partida para las Indias Occidentales. En Sevilla se fundó la inquisición en 1481, un ambicioso proyecto de evangelización que llegó hasta las Américas, incluido Quito. Por ende, se pueden entender que las espectaculares y grandiosas procesiones con sus imágenes barrocas se lleven a cabo también en la capital. Sin embargo, es, a la final, un marketing masivo de tácticas religiosas para fomentar la devoción con muestras de fe, y así alentar la idea de la: «salvación a través de la penitencia».

Prohibición y reintroducción

Pese a que puede parecer inconcebible –debido a su enorme popularidad ahora–, las celebraciones de Semana Santa de Quito fueron prohibidas, y amenazadas en quedar para el recuerdo como tantas otras fiestas religiosas.

A lo largo del siglo XIX todos los ciudadanos formaron parte de la procesión, desde el indígena hasta el alcalde de la ciudad, marchando en expiación colectiva. Pero los desfiles lujosos eran vistos como vulgares por los europeos puritanos. En 1865, el viajero austríaco y escritor del libro de viajes Ida Pfeiffer presenció la procesión del Viernes Santo de Quito y dijo: «El Papa debe enviar urgentemente a este país un buen conjunto de castigos nobles y dignos para poner fin a semejantes disparates y escándalos».

Domingo de Ramos en Semana Santa en Quito.
Las tradiciones religiosas son muy importantes en la cultura Ecuatoriana.

A principios del siglo XX, los liberales dirigidos por Eloy Alfaro prohibieron las expresiones públicas de religión, alentando la libertad de fe. Pese a que Alfaro no ordenó la destrucción de iglesias como otros líderes latinoamericanos, sí obligó a que las celebraciones religiosas no salgan a las calles y permanezcan dentro de la iglesia, por consiguiente, las celebraciones de Semana Santa no vieron la luz del día durante medio siglo.

En 1949, una procesión muy pequeña se llevó a cabo cautelosamente en las calles, pero se la volvió a prohibir hasta 1961. En ese año, los franciscanos celebraron una procesión en el nombre de Jesús del Gran Poder – una estatua que se dice fue tallada en balsa en 1620, y un símbolo venerado por quiteños.

Desde entonces, la procesión ocurre todos los años “llueve, truene o relampaguee” como dicen los quiteños, acumulando cientos de miles de seguidores.

San Francisco

La iglesia de San Francisco, y la orden religiosa franciscana, tienen un papel fundamental en las celebraciones de Semana Santa.

Los franciscanos son la orden religiosa más importante de América Latina, habiendo representado alguna vez el 75 por ciento de toda la presencia religiosa en la región. En los 400 años de historia en Quito continúan siendo una institución icónica en la vida cotidiana de la ciudad.

San Francisco fue la primera iglesia de Quito -desde aquí comenzaron a evangelizar a los indígenas- y ahora es uno de los complejos religiosos más grandes de las Américas. Aquí marca el inicio y el final de la procesión de Viernes Santo.

Inicio de la Cuaresma

El Carnaval marca el comienzo de la Cuaresma – un poco de irreverencia para tener algo de qué arrepentirse

En otros países católicos, el comienzo de la Cuaresma conduce a un período de fiestas caóticas en las calles y desfiles desenfrenados, el colorido Carnaval de Río es un ejemplo. La versión quiteña parece modesta en comparación, los participantes juegan inocentemente a lanzarse agua el uno al otro, pero las autoridades prohibieron casi todos los juegos de carnaval para evitar el desperdicio de agua.

La Cuaresma comienza en Miércoles de Ceniza – una tradición judía que involucra cubrirse en ceniza como un símbolo de sacrificio y rehabilitación, y así iniciar al período de ayuno.

Es común ver gente con la frente manchada de ceniza, en el Centro Histórico, hecha de tallos quemados del Domingo de Ramos del año anterior.

En épocas pasadas, el periodo de Cuaresma se tomaba tan en serio que la gente no salía los fines de semana, las radios sólo tocaban música clásica y la televisión sólo pasaba películas religiosas. Los viernes, no se consumía carne.

Hoy en día, el ayuno simbólico, que representa los 40 días y noches de Jesús en el desierto, ha sido influenciado por la tradición occidental de renunciar a comida lujosa o chatarra. Algunos aprovechan para dejar de fumar o perder un par de libras.

Miércoles Santo

Arrastre de Caudas

Con sus túnicas negras arrebatadoras, el clero pasa por la Catedral al son de una música ominosa, antes de que las capas caigan al suelo, como sacos arrugados. Esta es una de las celebraciones de la Semana Santa más teatral y misteriosa de Quito.

El Arrastre de Caudas es un ritual clerical practicado sólo en Quito, Lima y Sevilla. Era tan poco conocido por el mundo de afuera que sólo se hizo público hace unos años, habiéndose celebrado desde el siglo XVI. Para preservar la ceremonia, se la proyecta sobre las pantallas fuera de la catedral.

Con una calidad de culto al estilo “código Da Vinci”, la ceremonia es una adaptación de un ritual romano para rendir homenaje a Cristo, el propio «general caído».

El Arrastre de Caudas en Semana Santa en Quito.
El Arrastre de Caudas es uno de los eventos más importantes de Semana Santa en Quito.

El evento comienza a mediodía en la Catedral Metropolitana, oficiada por el Arzobispo de Quito. Los seminarios entran al son de una música de funeral solemne en el órgano, llevan velas titilantes, los canónigos están cubiertos con sus capas de suelo negro, mientras que el diácono lleva el Lignum Crucis, una cruz hecha con piedras preciosas y gemas y – según la leyenda – fragmentos de la cruz real de Cristo. Los canónigos, cuya edad promedio es de 80 años, se arrodillan sobre cojines de terciopelo rojo junto al altar, mientras el diácono lleva el Lignum Crucis al púlpito y lo coloca sobre el altar. El arzobispo vestido en dorado, púrpura y blanco, acompañado por los obispos, recitan oraciones, salmos e himnos.

Ahí empieza una procesión fúnebre, mientras los canónigos comienzan su lenta marcha desde el coro alrededor de la Catedral, sus capas arrastrándose por el suelo, barriendo simbólicamente los pecados de la humanidad.

Le sigue un miembro de la orden que lleva en su espalda la bandera de resurrección, engalanado con una cruz roja. Cuando la procesión regresa al altar, los canónigos están recostados en el suelo, representando el cadáver de Jesús, y la bandera roza sus cabezas para rendir homenaje al general caído. A medida que el arzobispo agita la gran bandera, algunos participantes, temen que si les tocan, les llegará la muerte, entonces se esquivan, otros permanecen firmes, felices de recibir el «espíritu del Señor».

La ceremonia termina cuando el poste de la bandera da tres golpes en el piso, cada golpe simboliza un día de Cristo en su tumba. Los canónigos se levantan con el estruendo del tercer golpe, al igual que Jesús el tercer día, y se les da la bendición.

Jueves Santo

Este largo día de ceremonia es la conmemoración de la Última Cena, el lavado de los pies, la agonía en el jardín, la traición y el ultraje.

Temprano por la mañana se celebra en la Catedral la misa de la unción, y el arzobispo consagra el aceite.

En la tarde, se lleva a cabo la Misa de la Cena del Señor, y se realiza el ritual de lavar los pies. Se celebra en varias iglesias, incluyendo San Francisco y la Catedral, antes del atardecer, cuando tradicionalmente comienza la comida de Pascua.

Se celebra la Eucaristía con los panes sin levadura y las palabras de Cristo: «Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre, haz esto en memoria de mí». Durante la misa, se repite el lavado de pies, con 12 personas representando a los 12 apóstoles. En una procesión especial, los anfitriones bendecidos son llevados al altar y colocados dentro del tabernáculo, sepultados, como Cristo, hasta el viernes.

Participantes

El énfasis de las ceremonias está en los penitentes, –la masa de personas que buscan arrepentimiento en anonimato– que vienen de todo el Ecuador. El concepto de penitencia se originó nuevamente en Sevilla a mediados del siglo XV. La autoflagelación fue uno de los símbolos clave, un método adoptado por los franciscanos.

El espeluznante cucurucho es la figura central de la procesión. Silencioso y anónimo, con una túnica de color púrpura oscura, y una máscara en forma de cono, el cucurucho tiene cubierto el rostro, salvo por dos agujeros para los ojos. La tradición parece haber originado en la Edad Media, cuando los sacerdotes obligaban a los pecadores a permanecer fuera de la iglesia durante días y noches para que todos puedan ver su vergüenza.

Hoy en día, se considera que eligen el anonimato para copiar la humildad de Cristo, para no ostentar su arrepentimiento (aunque algunas personas envuelven sus conos en aluminio para poder destacar entre la multitud).

Cucuruchos en la procesión de Semana Santa en Quito.
Los Cucuruchos son una de las figuras más importantes de la procesión de Semana Sanra en Quito.

Hasta hace poco la única opción para las mujeres era asistir a la procesión como una Verónica, vistiendo un velo transparente, representando a la mujer de la Biblia que lavó la cara de Jesús con compasión. Ahora las mujeres también marchan como cucuruchos.

Otros participantes, vestidos como Jesús, traen sus propias cruces, entre más pesadas mejor. Cuentan que un hombre se rompió la pierna bajo el peso de la estructura colosal, dejando un charco de sangre en el pavimento (¡busca al “Cristo Techno” cuya cruz  titila con luces neón!).

Están también los penitentes barrocos que pintan sus caras con sangre falsa y cubren sus cuerpos con alambre de púas que pueden causar heridas realidades, pues la canción del Salve Gran Señora se escucha repetidamente música que se originó de tradiciones andinas pero con versos religiosos españoles.

Las estatuas sagradas, algunos con cabellos reales, han sido engalanados días antes de las procesiones. Muchas estatuas de la Virgen tienen sus propios armarios con ropa donada por los fieles.

Viernes Santo

El Viernes Santo es la gran celebración de Quito, incluso más grande que el Domingo de Pascua. La procesión de Jesús del Gran Poder, comienza y termina en la plaza principal de San Francisco. ¡La terraza del tercer piso de Casa Gangotena ofrece la mejor vista del evento! La noche anterior, el jueves, empieza un proceso frenético en el que se limpian tablones para montar plataformas y llevar imágenes de la Virgen, Jesús y San Juan Bautista por las calles de Quito.

La gente comienza a llegar a San Francisco alrededor de las 6 de la mañana, dejando ramos y decoraciones para ser colocadas en las plataformas, que estarán listas hasta alrededor de las 10AM. Las 2.000 personas, que marcharán como Cucuruchos y Verónicas, se reúnen en la parte trasera del complejo de San Francisco, mientras que la policía y agentes secretos ayudan a mantener las cosas en orden. La policía llega a las 8AM y las Fuerzas Especiales se mantienen atentos a las esculturas de reliquia. Luego serán recompensados ​​por su tiempo con una comida gratis.

La procesión de Semana Santa en Quito.
Viernes Santo es el día más importante de Semana Santa en Quito.

Washington Moreno, es el hombre que ha estado repartiendo los 1.000 mantos púrpuras y conos de cabeza a los participantes desde los años noventa. A partir de las 8 de la mañana los entrega a los cucuruchos que están registrados (unos 500 más se unirán después, vistiendo sus propios trajes).

Alrededor de las 10.30AM los participantes pasan por el Pasaje de la Angustia, un arco que conecta la Escuela del Fraile con los patios del convento antes de llegar a la iglesia.

A las 11.30AM, las plataformas que llevan las imágenes sagradas son transportadas al atrio, donde una gran multitud se reune.

Aquí, se lee en voz alta la sentencia de Cristo impartida por Poncio Pilato, un acto que cada año hace que un misterioso silencio inunde a la multitud y a toda la ciudad, evocando lágrimas a los ojos de los espectadores. Luego, las plataformas comienzan su viaje por las calles, precariamente llevadas por los devotos.

Hombres sin camisas ​​con coronas de espinas llevan cruces y postes. Algunos se desmayan en el camino. La procesión, una masa púrpura de personas, se mueve como un río. Una marcha funeral para en varias estaciones para realizar oraciones.

Alrededor de las 4.30 de la tarde la procesión regresa al atrio de San Francisco y el arzobispo dirige una ceremonia de una hora y media llamada «La Veneración de la cruz».

Las familias hacen su camino a casa para festejar la fanesca, la tradicional sopa de Pascua de Ecuador que los llena durante días con sus 12 frijoles, queso, leche, bacalao y empanadas para la decoración. El ayuno ha terminado.

Fanesca, la comida tradicional de Semana Santa en Quito.
Despúes de la procesíon, las familias se juntan para comer Fanesca.
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