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La transformación de Casa Gangotena de una casa de familia casi abandonada al hotel de lujo que es hoy, fue un auténtico acto de amor, lleno de desafíos, que con la visión de preservar el espíritu de una propiedad singular superó la expectativa de todos sus participantes y permaneció como lo que es y ha sido siempre: una importante construcción histórica en Quito.

Durante cuatro siglos, la casa de la ilustre familia Gangotena ha custodiado la esquina de la plaza San Francisco, la que, con su peso histórico y religioso, es la más emblemática de todas las plazas de Quito.

El edificio en sí no es colonial: víctima de un incendio en 1906, la mansión original fue reconstruida por arquitectos italianos, los hermanos Russo, que la convirtieron en un palazzo italiano, añadiendo columnas románicas y toques de art-deco. La familia se mudó a la mansión a principios de los años veinte.

Hotel Casa Gangotena en el Centro Histórico de Quito.
Hermosa vista de Casa Gangotena en el Centro Histórico de Quito.

Un nuevo propósito

Mimi Gangotena fue la última heredera directa de la familia originaria española en vivir en la casa. Esposa del ex presidente ecuatoriano Camilo Ponce, no tuvo hijos, por lo que, a su muerte, la casa fue trasladada a una fundación de sobrinos. La fundación decidió vender la casa y notificó a Roque Sevilla, ex alcalde de Quito, quien estaba interesado en comprarla (la visitó de niño durante alguna invitación de té) para transformarlo en un hotel, encantado por su ubicación única en la plaza San Francisco. La venta se realizó en 2007.

Los nuevos propietarios se enfrentarían a muchos desafíos para convertir la mansión en el hotel de lujo que es hoy.

Una triste realidad

Cuando los constructores pusieron el pie en el lugar, la Casa Gangotena estaba en un estado calamitoso, muy lejos del hotel de élite que se esperaba reconstruir. La pintura había perdido su color y se estaba pelando en todas las paredes, el hierro corrugado cubría azulejos dañados, el piso y las paredes estaban agrietadas y humedad burbujeaba de los antiguos murales.

La última persona en vivir en la casa, Mimi, utilizaba sólo unas pocas habitaciones del segundo piso, con un enorme e intrincado altar que fue retirado y vendido a su muerte como gran parte de los demás muebles. (Si quisieras comprar algo de ello, algunas piezas aún se pueden encontrar en la tienda de antigüedades ArtTiquo, en el barrio de La Floresta). El resto estaba en ruinas.

El interior del Hotel Casa Gangotena.
El interior del Hotel Casa Gangotena.

Respirando nueva vida

Para los nuevos dueños, era imperativo rescatar sus magníficos detalles originales a fin de preservar el carácter inimitable de la casa. Había los murales: uno que representaba a la familia Gangotena a caballo, el nombre de cada miembro inscrito en las riendas de sus corceles (está en la Junior Suite del hotel). Otra, en la antigua terraza acristalada del ala sudoeste de la mansión, donde las damas de sociedad acostumbraban coser y chismear, mostraba una gloriosa escena marina con veleros.

Ambos fueron cuidadosamente restaurados. El piso de madera del comedor fue rescatado y transportado al bar y Crimson Room actuales. Los paneles de seda añadidos por los extravagantes hermanos italianos fueron retirados y renovados con sutileza, y los yesos de estuco extraídos panel por panel y protegidos mientras continuaban las obras. Incluso una chimenea se trasladó desde el salón de arriba a la entrada principal, así como el espejo icónico del hotel.

Decoración original, moderno confort

Uno de los mayores desafíos para el equipo fue restaurar la mansión a su antigua gloria, a medida que la hacían apta para viajeros de lujo del siglo 21. Fue una tarea que el arquitecto Pedro Jaramillo aceptó con todo gusto.

Por ejemplo, la hermosa casa antigua sólo tenía dos baños. ¿Cómo harían los pisos para soportar el peso de 28 bañeras…? ¿Qué pasaría si todos los huéspedes del hotel se deseaban bañar al mismo tiempo?

Este dilema obligó a los constructores a ensanchar los estrechos pasillos y a reemplazar las puertas, bajando los cielorrasos para incorporar tuberías modernas y equipos de seguridad contra incendios. Y con todo aquello, uno ni se daría cuenta de la diferencia.

Una de las habitaciones en el Hotel Casa Gangotena.
Nuestro hotel cuenta con habitaciones únicas.

¿Bajamos?

Y luego estaba el ascensor. Tal vez el mayor reto que enfrentó el equipo restaurador. Se descubrió que lo que había debajo del hotel no era tierra pura, sino una habitación extra de la casa de al lado, algo que habían permitido los antiguos propietarios.

No había otra solución que trasladar el ascensor a otro lugar. ¿Pero a dónde? El único lugar que funcionó dentro de los planes del arquitecto Jaramillo era la escalera de doble ala con sus barandillas art-deco. La escalera fue retirada y el ascensor reconstruido en su lugar, y una sorprendente escalera en espiral creada a un costado. Esta nueva escalera es ahora un emblema del edificio – testamento al diseño interior del arquitecto Jaramillo.

Otra remodelación que debieron realizar los constructores se ubicaba en el patio. Hoy, el conservatorio del hotel, lleno de orquídeas y ecléctico mobiliario, se asemeja a un jardín inglés; el espacio antes era un patio al aire libre con una fuente en su centro. El precioso techo de cristal fe añadido y se incluyó una instalación acuática en el jardín rediseñado.

Aunque nunca lo sabrías, todo un piso extra fue construido en el ala oriental, cubierto con paneles solares para calentar el agua. Mientras tanto, se excavó un piso entero debajo del ala oeste de la mansión para crear una entrada de entrega de mercancías y zona de servicio oculta para cocineros y personal.

Tres años más tarde, la construcción gigantesca de Casa Gangotena, este “acto de amor”, había terminado. Pero faltaba algo importante.

La recepción del Hotel Casa Gangotena.
La recepción del Hotel Casa Gangotena.

Construyendo comunidad

Los nuevos propietarios estaban interesados ​​en integrar el hotel a la comunidad de los alrededores de la plaza San Francisco, el barrio conocido como San Roque. Así, junto con los propietarios del vecino Museo Arqueológico Casa del Alabado, se financió una organización cultural sin fines de lucro, cuyo objetivo sería mejorar el nivel de vida de la comunidad, su sentido de pertenencia e integrarla al proyecto turístico. Muchos de estos vecinos – incluyendo la última familia de molineros del casco antiguo, los pintores de santos, bordadores, sombrereros, curanderos tradicionales y fabricantes tradicionales de dulces – forman ahora parte central de las excursiones que el hotel organiza para sus huéspedes.

El día de apertura del hotel, los lugareños fueron invitados a los cócteles de inauguración. Hicieron fila alrededor de la manzana para poder echarle un vistazo durante visitas ofrecidas por el personal: era la primera vez que habían podido admirar el interior de la antigua y legendaria mansión de los Gangotena.

La restauración de Casa Gangotena no sólo significó la regeneración física de un edificio único, sino el rejuvenecimiento de todo un barrio. Ha arrojado sus orígenes aristocráticos por la ventana para convertirse en el corazón y alma de una nueva comunidad, y fuente de orgullo para todos los quiteños.

El jardín de Casa Gangotena.
El hermoso jardín del Hotel Casa Gangotena.
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